¿Qué hago yo aquí?


Conociendo a los vecinos
26 noviembre 2009, 8:20
Archivado en: Singapur y Saigón

¿Qué tal estáis? Yo no he tenido mucho tiempo para nada. Supuestamente tenía que haber colgado este post hace una semana, pero creo que tengo suerte con que ma tiempo de respirar. Y yo que creía que aquí no se trabajaba… bueno, sí que es cierto que ahora estoy en la oficina y como si estuviese en mi casa.

Pero bueno, a lo que interesa, después de habituarme a la vida en KL, y de un mes sin viajar, decidí que ya era hora de dar una vueltecita y ver qué tal estaban los vecinos. El primer sitio a donde me dirigí fue a Singapur.

SINGAPUR


A este viaje nos apuntamos todos los chicos nuevos de la oficina, más otros dos que estaban tan aburridos como nosotros. El viaje fue planificado con una anticipación y previsión asombrosa, un día antes de salir. Jago había medio avisado a los chicos de Singapur de que íbamos a ir para allá. Concretamente habló con su amigo de la oficina de Singapur y le preguntó que si nos podíamos quedar en su casa, lo que no le dijo es que íbamos a ser seis personas. Pero bueno, la suerte no nos podía fallar y otro chico se apuntó a la fiesta comunal y nos ofreció su casa.

En cuanto al medio de transporte, asombroso. Compramos unos billetes de autobús… pero qué autobús!! Eso era una pasada. Asientos reclinables en los que casi se podía acostar uno, con vibración que hacía las veces de masajista, televisión individual con 4 películas a elegir, también se incluía videoconsola con los típicos 101 juegos de la Nintendo, cena incluida… Parecía que estábamos volando en primera, pero ni estábamos volando ni pagamos como si fuera primera. El billete nos costó alrededor de 24 € por persona. En autobús se tardan 5 horitas en llegar a la ciudad-país, pero la verdad es que no merece la pena coger un avión desde KL porque, entre lo lejos que está el aeropuerto y los retrasillos regulares de AirAsia, no merece la pena.

Bueno, durante el viaje lo pasamos muy bien, todo el mundo muy animado, hasta que por supuesto todo el mundo se quedó asobinado. Cuando llegamos a la frontera con Sigapur ya estábamos esperando ver los grandes edificios y la modernidad, pero lo que primero vimos fue, para nuestra alegría y emoción, la fábrica de TIGER, la mejor cerveza del Sudeste Asiático. Deliciosa.

Esta ciudad es bastante diferente a KL, incluso sabiendo que antes constituían un mismo país. ¿Cómo puede evolucionar uno tan rápido y otro no? Este país es un país desarrollado, donde hay absolutamente de todo. Está limpio. Hay teatros. Hay museos de verdad. Se nota la diferencia. Y no es que diga que KL está mal, todo lo contrario, pero en cuanto a desarrollo Singapur gana. También dicen que es más aburrido porque todo está super organizado… yo lo pasé muy bien.

Pero bueno, que se me va la cabeza. El primer día, o mejor dicho la primera noche, en cuanto llegamos, hicimos la repartición de casas de okupas. Yo me quedé en casa de Charli, que tenía un piso enorme justo al lado de la del presidente del país, que curiosamente vive con su padre, el fundador del país. La casa estaba dividida en dos partes. Una que se podría pensar que era la planta original, y otra superior que habían construido como buhardilla, pero con mucho estilillo. Ahí teníamos preparados un par de colchones de matrimonio, los cuales por desgracia teníamos que compartir. Bueno, tuvimos que compartirlo Juange y yo, porque Fabrice, como es mayor, se cogió el otro para él solito.

Esa misma noche nos pusimos guapas y nos fuimos de marsha. En Singapur son tan organizados que lo tienen todo por zonas delimitadas. Que si distrito financiero, que si zona de marcha controlada… Todas las discotecas se encontraban en la misma zona. Una especie de parque temático, donde el único tema común era el alcohol, niñas guapas y expats borrachos. Ahí pudimos ver que esta ciudad está mucho más poblada de giris que KL. A veces era difícil encontrar algún asiático (exageración). Esa noche nos quedamos en el Zirca. La verdad es que no estaba nada mal ese garito. Varias plantas y varias salas con diferentes tipos de música. Las copas eran caras y escasas, pero con las chicas tan guapas que había ya se compensaba. Lo mejor de todo es que cerraba más tarde que KL… hasta las 5am, que no está mal.

Al día siguiente nos levantamos con todas las legañas y con olor a alcohol. Habíamos quedado a las 10am con los de la otra casa para dar una vuelta por la ciudad, pero como a nadie le apetecía poner la alarma, esperamos a que nos despertasen ellos… vaya caras tenían, y con razón.

Salimos a dar una vuelta andando. Fuimos al barrio chino, que de lo organizado que estaba sólo se deducía que era chino por que nos lo decían. De siempre es sabido que un barrio chino tiene que ser un caos. Si hay orden ya no es lo mismo.

Cuando estábamos de camino se nos ocurrió hacer una parada y probar un duriam. Sí, ese fruto pestilente con aspecto de erizo. No fue una experiencia muy agradable, pero no nos podíamos ir sin probarlo.

Con el mal sabor de boca que se nos quedó, ya necesitábamos parar para comer. Y cómo no, en un restaurante chino. El termino restaurante lo uso porque es el sitio donde te ponen de comer, pero no tienen nada que ver con el tipo de restaurantes chinos que hay en España. La verdad es que estaba todo muy bueno, aunque los platos eran enanos. Lo mejor eran los “paus”, unas bolas blancas rellenas de varias cosas. Hay que probarlo, lo tienen de todos los sabores. No es algo típico de Singapur, sino más bien de los chinos. Está cocido al vapor… delicioso.

Después seguimos andando por la ciudad, conociendo mercados, el metro… hasta que llegamos al barrio indio. Todo lo que hay en Singapur, lo repito, está demasiado organizado y a veces le quita encanto. Pero aún así, el templo que Hindú que visitamos no estaba nada mal. Lo que más me sorprendió fueron las figuras de dioses matando a gente y la cara de viciosos con las que los pintan. Y otra cosa es el estándar de belleza que tenían, parece que les gustaba comer bien.

Después de hacer un poco el tonto por el Templo Hindú decidimos que ya estábamos muy cansados y nos fuimos a Arab Strret, en el barrio árabe como podéis imaginar. Allí nos sentamos al fresco y nos pusimos a fumar una shisha dejando pasar el tiempo.

Por la noche ya no hicimos mucho más. Bueno sí, nos fuimos a Marina Bay a ver como se iluminaba todo de noche. Precioso. Están construyendo unos casinos que… no los he visto más grandes ni en Las Vegas. La zona preciosa. Subimos a los edificios con forma de Durian gigante en la Esplanade y se veía todo. Merece la pena verlo, o incluso ir al teatro por ahí.

Después de ese día, y la noche anterior, ya no tenía muchas fuerzas, así que compramos un poco de leche, unos dvds piratas y para casita, aunque no quedamos dormidos nada más llegar.

Al día siguiente sí que nos levantamos temprano, por lo menos a las 9.30am. Que no está mal para ser un domingo. Ese día nos fuimos por el centro, a la zona colonial, y al Museo Asiático. Tuvimos una suerte tremenda: Dos días al año es gratis entrar en el museo porque hacen exposición especial de uno de los países del entorno. Dio la casualidad que ese domingo era el día de Filipinas. Y para más fortuna, nos ofrecieron una guía particular totalmente gratis. Aunque luego nos estuvimos arrepintiendo. 2 horas viendo un museo me mata.

Cuando salimos nos invitaron a helados y comimos platos típicos de Filipinas. Estaban buenísimos. Incluso tenían una paella malineña.

Después nos fuimos a dar vueltas por la zona. Mucha casa bonita, edificios enormes, grandes hoteles… y el hotel Raffles. Es una pasada de hotel. De las pocas cosas coloniales que quedan en pié. Es un edificio blanco, en el que cuando entras parece que estás en otra época.

Tras mucho pasear, decidimos que ya era hora de sentarse y tomar algo. Así que nos fuimos al hotel más alto de Singapur, a la planta 70 y nos tomamos un combinado, cada uno en un sofá, disfrutando de la panorámica. Lo mejor fue cuando se puso a llover, pero también hacía sol, y veíamos caer las gotas de lluvia a Singapur iluminadas por el sol. Parecía que estaban tirando purpurina por la ciudad. Precioso.

Y después de esto, poco más. Ya teníamos que coger el super autobús de vuelta a KL. Así que a dormir un poco y a descansar. Fin del viaje a Singapur.

HO CHI MINH CITY (VIETNAM)

Durante la semana siguiebte estábamos super estresados por el trabajo. No parábamos de tener tareas nuevas y nadie nos explicaba nada. Aquí cada uno se tutoriza a sí solo. Pero la verdad es que no nos lo montamos mal a la hora de desconectar. Este fin de semana decidimos que teníamos que ir a Ho Chi Minh City. Un amigo nuestro estaba de viaje por la zona, y había estado viviendo un año anteriormente, así que era una oportunidad ir con alguien que ya conocía la zona.

Ho Chi Minh City, antigua Saigón, es una ciudad difícil. Sinceramente lo mejor que tiene es la noche. Es una ciudad inmensa, sonde hay tres millones de motocicletas, y la velocidad media de una moto de esas es de 12 km/h, imaginaos el ritmo que llevan… y todos van tocando el claxon, coches y motos, qué cansinos. Cogimos un taxi-wagon en el aeropuerto y lo que primero nos sorprendió era que cada cinco segundos el conductor pitaba. Supongo que era como advertencia a las motos, pero éstas pasaban totalmente de los pitidos. Iban a su ritmo, por donde les daba la gana… un caos, pero con encanto.

La ciudad es interesante por lo diferente que es. Es totalmente opuesta a Singapur. Esto es un caos. La ciudad tiene mucha vida. Siempre hay gente por la calle. Los taxi-motos te piden llevarte, gente vendiendo libros falsificados, los ciclista que quieren darte una vuelta, las mujeres alegres, los niños pidiendo…

La primera noche no estuvo nada mal. Lo primero que hicimos fue llegar a la zona de los mochileros e intentar hablar con la gente que conocíamos de allí, pero no hubo suerte. Después hicimos un poco de ruta a través de las agencias de viajes y decidimos los que haríamos el día siguiente. Y finalmente a la búsqueda de sitio para dormir. Esto último fue más fácil, nos asaltó una señora y nos dijo que tenía cuarto por 10 USD la noche, los vimos, no estaban mal y allí acabamos. Tampoco es que fuese un hotel, pero cruzar por esas calles estrechas donde los vietnamitas estaban tirados en el suelo viendo la tele o simplemente tomando el fresco era algo que merecía la pena. Eso era la auténtica ciudad. Después de todo, terminamos un poco tarde y Carlos, el chico que ya conocía Saigón, ya se había ido a cenar con los amigos. Nosotros estuvimos buscando un sitio tradicional para cenar, y al final nos fuimos a un restaurante en el que los platos principales consistían en carne o marisco a la brasa. Pero eso no lo hacía diferente. Lo diferente era que las brasas te las ponían en mitad de la mesa y cada uno se cocinaba su propia carne o marisco. Estaba delicioso todo. Hasta la cerveza local estaba buena, Saigón. Este sitio estaba por la zona de los mochileros, en la calle Bui Vien. Merece la pena visitarlo.

Un poco después, cuando terminamos, llamamos a Carlos para que nos dijese por donde andaba. Nos fuimos al Vasco’s. Un bar restaurante en una planta superior en el que ponían música en vivo. El sitio no estaba mal, aunque nos dijeron que ya se había venido abajo. Este sitio estaba en Hai Ba Trung street, un lugar donde hay varios sitios para tomarse copas o cenar. Después de esto nos fuimos al Apocalipsis (ese sí que no sé ni donde está, pero es famosillo). Éste es un lugar decorado como en la película, con alambre de espino, ladrillo visto, y la gente va como a la guerra, pero en otro sentido. Nos tomamos unas cuantas cervecas, y copas, pero no pudimos aguantar demasiado. Al día siguiente ya teníamos organizada una excursión y nos teníamos que levantar muy temprano, a las 8am. uff….

El sábado teníamos organizado un viaje a ver los túneles de Cu Chi, donde se escondían los Viet Cong durante la guerra. También pasábamos por el templo Cu Dai, donde se practica una religión que agrupa a todas las demás. ¡La super religión!

EL viaje era en autobús, y éste no era tan cómodo como el de Singapur, más bien como los normales de España, es decir un horror. Eran 3 horas de viaje hasta el templo, así que hice lo más sensato que se me ocurrió. Me fui a la última fila, donde no había nadie, y me eché una siesta impresionante. Lo único que vi del camino fue el comienzo, el final, y lo que veía cuando me despertaba por los frenazos. La verdad es que todo era muy bonito. El paisaje…

Cuando llegamos a Cu Dai nos encontramos con un templo de buen tamaño con muchos colores, predominando el amarillo. En este templo se mezclan varias religiones, como el cristianismo, islam, budismo, etc. Se creó en el siglo XX y lo siguen sólo unos pocos. Estuvimos presente en la ceremonia semanal y de iniciación de unos nuevos creyentes. Algo diferente a todo lo que había visto. No era espectacular, salvando la música tradicional vietnamita, pero la ceremonia era original. Toda la gente iba vestida de blanco. Hombres y mujeres en diferentes filas. De vez en cuando sonaba un dong.

Hicimos muchas fotos, y después de un buen rato, nos fuimos al autobús y otra vez a dormir. Al rato paramos en un sitio a comer. Yo ya estaba deseando. Después de la buena experiencia que habíamos tenido la noche anterior, pensábamos que este restaurante iba a estar muy bien. Pero todo lo contrario. Nos llevaron al típico restaurante que te llevan cuando contratas una excursión, el del amigo del guía. Los platos eran minúsculos, y de calidad ni hablar. Y no es que seamos unos pijitos, que ya habíamos viajado bastante por la zona, pero eso de que nos quieran timar como a turistas… bueno, eso es lo que éramos.

Tras pasar por el restaurancito, tardamos una hora y media en llegar a los túneles Cu Chi. Eso sí que era historia. Es una zona cerca del río Saigón, donde los Vietnamitas campesinos se refugiaban, y más tarde también los utilizaron para atacar a los Americanos.

Este sitio está en mitad de una zona de arrozales y gran arboleda. Está lleno de túneles, trampas rudimentarias y minas antipersonales. Nos enseñaron cómo hacían las minas (con bombas sin explotar de los americanos), las trampas que antes utilizaban para cazar animales y posteriormente soldados, los túneles microscópicos donde se metían y a veces pasaban largas temporadas, etc. Todo muy impresionante si se escucha la intrahistoria que va contando el guía. Para terminar la estancia, lo mejor del viaje, nos fuimos al campo de tiro y disparamos un fusil AK47.

Tras todo esto, a dormir otra vez en el autobús y prepararnos para por la noche.

Para esa noche, Carlos nos había preparado una cenita en un restaurante super típico llamado 3T. Allí nos pusieron una comida parecida a la del día anterior, pero incluso mejor. Nos hicieron el favor de cocinarla ellos en lugar de traernos a la mesa las brasas, que es muy encantador pero da un calor enorme. Nos pusieron carne a la brasa con queso y cebolla dentro, delicioso, y gambones a la brasa, más delicioso todavía. Todo eso además de arroz, noodles, algo de ensalada, etc.

Tras acabar con unos barrigones enormes, nos fuimos otra vez al Vasco’s, pero no estaba tan bien como el día anterior, así que nos tomamos unas cuantas cervezas y nos fuimos a otro lado. Estuvimos dando vueltas por la ciudad, parecía que no acertábamos con el garito, hasta que llegamos al Lush. Éste es un sitio de locales, vietnamitas, que está muy de moda. La gente es mucho más fashion que en KL, y mucho más animados. Una de las mejores cosas de Vietnam son las chicas. No sé qué es lo que tienen las chicas vietnamitas que son verdaderamente guapas. Muchas de ellas estaban mezcladas con occidentales, gracias a la ocupación de tantos años por los Americanos. La única pena es que la mayoría eran de pago, qué desperdicio porque alguna estaba para pedirle salir. Pero bueno, teniendo una copa en la mano y los amigos para reirme yo ya estaba que tenía todo lo que necesitaba.

Tras trastear toda la noche acabamos muertos en el cuarto. No tardé ni cinco minutos en quedarme dormido.

Al día siguiente nos levantamos relajadamente, sin prisas. Hicimos las maletas, pagamos y nos fuimos a andar por la ciudad. Tiene magia esta ciudad a pesar de que es un completo caos. Supongo que la diferencia es lo que nos atrae.

Además de visitar mercados y dar vueltas por el parque, estuvimos en el Museo de la Guerra. Un museo en el que se muestran todas las atrocidades que realizaron los Americanos para restablecer el orden el país, como siempre. Eran muchas fotos, documentales, armas… yo terminé aburrido.

Al final acabamos comiendo en un KFC y esperando para marcharnos.

Yo me quedé con muchísimas ganas de ir a Hanoi, pero eso quedará para otra ocasión. Me han dicho que esa ciudad es mucho más bonita. Aún así recomiendo visitar Saigón.

Bueno, pues después de este torrente de palabras os dejo, que pierdo el avión a Jakarta. Ya os contaré como es este viaje.

Hasta luego.


2 comentarios hasta ahora
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No sé si estaréis trabajando algo cabritos, pero vaya viajes te estás pegándo ^^

Ya veo q estás bien^^
Q ENVIDIA MARRANA Q TENGO!!!^^

Muchos besos desde los Madriles

Comentario por usagi

M encanta la foto del hotel, x cierto

Comentario por usagi




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