Archivado en: Jakarta
¡Hola a todos!
¿Qué tal estáis?
No ha pasado mucho desde que os escribí, pero ya se me olvidó que fue lo que publiqué la semana pasada. Ya no sé ni cuantos billetes de avión he comprado, estoy echo un lío y eso me afecta. No tengo tiempo suficiente para planificar mis viajes. Nunca creí que pudiera decir eso.
El fin de semana pasado me fui para Jakarta, y diréis: ¿y qué hay en Jakarta? Pues eso mismo me pregunté yo. En principio, este fin de semana prometía mucho. Teníamos pensado irnos todos los chicos, y sólo chicos, a Bali a pasar unos cuantos días sin hacer turismo cultural y sin preocuparnos por nada. Vaya, lo típico de chicos. Pero finalmente se fastidió todo por la falta de decisión y porque no había alojamiento. Así que se barajaron varias opciones como destinos alternativos. Estaba Camboya, Laos, Tailandia, Islas exóticas, tec. Y no sé como, pero entre todos esos destinos estupendos apareció Jakarta. Vaya vaya…
Pues sorprendentemente decidimos ir para allá, la capital de Indonesia. Una ciudad enorme, super poblada, con un tráfico horrible, contaminación… y mucha diversión nocturna.
Pues eso hicimos, compramos los billetes para irnos a Jakarta del jueves por la tarde al domingo por la tarde. Pocos minutos después de comprarlo me enteré que, justo ese fin de semana, era la festividad del año nuevo musulman. Para los que no lo sepan, alrededor del 85 % de la población indosia es musulmana, y el gobierno es 100 % musulman. Esto siognificaba que ni el jueves, ni posiblemente el viernes, iba a haver nada abierto.
Sólo había un motivo por el que alguien podría querer ir a Jakarta, salir, y se nos había fastidiado. Yo ya estaba intentando cancelarlo, cambiar el destino, cambiar las fechas, hacer lo que fuese… pero nada, si queríamos cambiarlo tenía que ser pagando más y sólo podríamos cambiar las fechas. Así que nos quedamos como estábamos.
Dos días antes del embarque, de repente, nos llegó un mensaje al móvil. Nos empezamos a llamar los unos a los otros: “No jodas! Que nos retrasan el vuelo a la 1 de la mañana!?!?” Y sí, nos lo retrasaron. Qué alegría… Esa misma tarde, el sector golfista hico unas cuantas llamadas y conseguimos que nos cambiasen el vuelo de hora. Con el nuevo horario teníamos que salir como una hora antes de la oficina para poder coger el avión sin problemas. Cómo se lo tomaría el jefe…
El jueves me levanté tempranísimo para terminar la mochila, y corriendo a trabajar. No sé por qué pero mi rendimiento estaba en más o menos un cero por ciento. Estaba que me salía. Pues llegada la hora de la escapada, mi jefe se enteró de que nos íbamos con un movimiento de manos mientras desaparecíamos por la puerta con la mochila en el hombro. Qué clase tenemos, qué discreción…
Salimos corriendo. Mi taxista de confianza ya nos estaba esperando en la puerta. Y nada más montarnos en el coche. ATASCO MONUMENTAL. Tardamos casi media hora en hacer un kilómetro. Ya estábamos nerviosos. “Legamos os no llegamos”. Menos mal que habíamos hecho el checking online y eso nos daba un poquitín más de márgen… y lo conseguimos. Otra vez estábamos metidos un avión de AirAsia, incómodos, con destino a alguna parte.
Cuando llegamos empezamos a buscar un cajero automático. Qué alegría dar ser millonario, aunque no tenga ningún valor. Cada uno sacamos un millón de ruppias como si nos fuese a durar un mes, jajaja. Qué ingenuos… Un millón de ruppias equivalen a 71 euros, y teniendo en cuenta que allí una mísera copa vale de media 10 euros, ya podéis echar cuentas…
Cogimos el taxi y al hotel. Una hora después habíamos llegado, y todo por culpa del maldito tráfico. El hotel era una pasada. El Gran Melia Jakarta. Económico y con unas calidades estupendas. Pero yo no me quedé allí. Jago y yo nos fuimos a casa de un amigo que vivía relativamente cerca. Un condo enorme. 5 torres de edificios con piscinas y múltiples servicios para los residentes. La lavandería costaba un euro el kilo! Todo estaba muy muy bien.
Dejamos las cosas y nos fuimos de marcha. Pero por motivo de la festividad musulmana no había nada abierto. Acabamos en una zona donde suelen estar los mochileros, tomándonos unas pizzas enanas y poco hechas y bebiendo cerveza del tiempo… Eso sí, la cerveza Bintang estaba buena, incluso tibia. Esa noche no prometía mucho, y nos fuimos para casa cuando cerraron todo a las doce de la noche. Se acabó el día.
El viernes nos levantamos tranquilamente, sin prisas. Sabíamos que en esta ciudad turismo, lo que se dice turismo, no se puede hacer mucho. Pero nos pusimos los pantalones cortos, las chanclas, las gafa de sol y a patear. Nos fuimos hasta el centro histórico, Kota, lo que antiguamente se llamaba Batavia. Aquello era un barrio colonial construido cuando los holandeses invadieron Indonesia y explotaban ala población. Construyeron canales y edificios bonitos, pero de eso ahora ya no quedaba mucho. Los canales sucísimos y las casas medio derruidas. Aquella zona estaba llena de gente joven. gente que estaría de vacaciones por el año nuevo musulmán. y allí fue donde decidimos probar cosas típicas de los puestecillos de la calle. Algo que todo el mundo debería hacer. Muy bueno.
Intentamos entrar en el Museo de Indonesia. Casualidad que estaba cerrado por reformas… Preguntando qué era lo que pasaba, por qué estaba cerrado, nos encontramos a un señor que se ofreció para enseñarnos el museo, aunque estuviese cerrado al público. Este señor decía ser el Arquitecto, historiador, arqueólogo, etc. que estaba reconstruyendo esa zona de la ciudad. Nos enseñó el museo, contándonos todas las historias y sucesos. La verdad es que nos impresionaba. Pero eso sólo fue el comienzo, después empezó lo mejor. A la salida del museo nos preguntó si queríamos ver la verdadera Jakarta. Daniel Ray, que así es como se llama el guía, nos llevó andando al lado de uno de los canales hasta que llegamos a un puente levadizo. Mientras no contaba historias y anécdotas. Entonces nos señaló un hueco del puente y vimos que había gente durmiendo en unas especie de chabolas bajo el puente. Ahí empezó lo más interesante.

Ahí, en esa esquina, si os fijáis bien, se puede divisar la silueta de un señor durmiendo en una cama. Por dormir ahí también tienen que pagar impuestos al estado.
Por lo visto, Daniel enseña a leer y a escribir a esta gente en su tiempo libre. También los ayuda con papeleos, y sus empleados también se han involucrado. Esta zona es una zona de gente muy pobre que no tiene donde vivir. Algunos están debajo del puente, otros pegados a las vías del tren. Nos comentó que muchos niños habían muerto porque se descuidaban y por la noche se salían a las vías… Aquella gente parecía que lo trataba muy bien y le tenía cariño. Era gente muy muy agradable. Debajo del puente tenían de todo, hasta tienda de comestibles…
Al terminar de contarnos todo lo que pasaba por aquella zona, nos llevo en un tuktuk al puerto. En ese puerto, según nos comentó, el 99 % de los barcos no tiene motor. Son barcos de vela. Allí trabajan los hombres que viven en donde las chabolas, pero sólo cuando hay trabajo, y nunca les dejan trabajar muchas horas seguidas para que haya más gente que pueda trabajar. hacen turnos máximos. Esos hombres subían y bajaban del barco por unos tablones que se balanceaban increíblemente, y eso cargados con sacos de cemento en la cabeza. Se podía apreciar como el nivel del mar era superior al nivel del puerto, impresionaba un poco. Eso se debía a las mareas, y lo habían solucionado poniendo unos tabiques para impedir que entrase en agua en el muelle. Aquella imagen era bonita, todos los barcos apilados en el muelle.
Tras aquella visita, volvimos al tuktuk y nos fuimos al barrio chino. Ese barrio chino es el más auténtico que he visto hasta el momento. Miles de clases diferentes de frutas y verduras, dvd copiados, gente matando tortugas para sopa, pelando cocos, vendiendo pseudo-oro, etc. Mucho encanto. Tras caminar un buen rato acabamos en el templo chino. Según nos dijo el profesor Daniel, uno de los templos chinos con mayor número de velas del mundo. Velas enormes. Todo tenía un ambiente mágico, con el humo de las velas, el humo del incienso, la luz que entraba por el tejado, la gente orando… precioso.
Tras todo esto ya estábamos cansado, así que nos fuimos de vuelta al tuktuk y nos dejó en donde habíamos comenzado la ruta. Habíamos estado unas 2 horas dando vueltas por ahí, y eso que creíamos que Jakarta no tenía nada que ver. Al final le dimos un donativo para su fundación y quedamos para el día siguiente.
Ese día ya no hicimos mucho más. Al menos turístico. Acabamos comiendo en un food court que estaba lleno de dvd piratas. Nunca había visto tantos millones de dvds y cds copiados en mi vida. Imaginaos un centro comercial sólo de piratas… pues allí fue donde comimos. Pedimos un Nasi Goreng cada uno y nos pusimos a ver a la gente que bailaba al son de una música china que cantaba alguien desde un escenario. Todo muy pintoresco.
Tras alimentarnos, nos fuimos a casa de Jaime, el chico que nos estaba alojando. Allí nos pusimos los bañadores y nos metimos en el jacuzzi. No estaba mal el día.
Después de descansar un poco nos fuimos a un restaurante donde habíamos reservado, el Café Batavia. Allí nos dimos un homenaje como hacía tiempo que no me daba. Un solomillo de ternera que no me cabía en el cuerpo, acompañado de un vino australiano que no estaba nada mal. no fue para nada económico, pero me sentó de maravilla. Es un sitio muy pintoresco, estilo colonial reformado. Allí vivió Raffles mientras estuvo en la ciudad, el que diseñó la ciudad de Singapur. Cuando terminamos me senté en el aire, al estilo chino, con el culo apoyado en los talones, y me puse a hablar con unos locales. Echamos un buen rato.
Tras los vinitos y las copillas de antes, ya estaba un poco encendido, y nos fuimos al Red Square a tomar algo más. La verdad es que los sitios de marcha de Jakarta está muy muy bien. muy ambientados, a pesar de que seguía siendo la festividad musulmana. Allí estuvimos un buen rato, hasta que nos fuimos a 2X. Un sitio un poco más grande y con gente un poco más pijita, como a mí me gusta. Esa noche lo pasamos muy bien, muchas risas. Al final acabamos como siempre, dormidos.
Por la mañana nos levantamos, más bien por la tarde, y nos fuimos a comer al sitio salubre más cercano. Y después lo organizamos todo para irnos a dar unos masajes. El sitio era estupendo, con piscina de agua fría, templada y caliente, con barra para tomar algo, después unos sillones en los que casi te podías dormir mientras esperabas a los masajes, y finalmente un masaje de más de dos horas. Acabé como nuevo. Volví a nacer. Qué sensación. El sitio se llamaba Delta SPA y es totalmente recomendable, aunque un poco caro.
Esa noche nos tomamos un par de copas para calentar en casa de Jaime y corriendo al sitio de marcha. Antes paramos un segundo para comprar una hamburguesa en el Burguer King, que las echaba muchísimo de menos, y me la comí en el taxi mientra llegábamos al garito. El sitio se llamaba Dragonfly y ese sí que era pijito. Jaime me sorprendió con su soltura con los de seguridad, parecía que era muy frecuente verlo en este sitio. Allí compramos una botella de Habana Club por alrededor de un millón y medio de ruppias, unos ciento cinco euros. Tomamos hasta que se acabó la botella y bailamos con cualquiera que se nos acercaba. Esa noche fue bastante larga.
Al día siguiente… nada, ese día no se podía hacer nada más que descansar y recuperarse del fin de semana tan castigado que tuvimos. Preparamos las maletas y nos fuimos al aeropuerto. En el avión tuve muchísima suerte porque me tocó en la salida de emergencia, y aún mejor, sin nadie a mi lado. En cuanto despegó el avión me tumbé en mis tres asientos y cerré los ojos hasta media hora antes de aterrizar. De los mejores vuelos que he tenido.
Llegamos a KL ciudad a la 1.30 de la mañana. Para mí fue perfecto porque me sirvió para seguir despierto hasta el comienzo del Barça-Madrid… y de eso ya no cuento nada…
Creo que esto es más o menos todo lo que se podía contar de este fin de semana. Recomiendo que si alguien quiere ir a Jakarta, vaya con los ojos muy abiertos y preparado para disfrutar. Culturalmente no tiene mucho, pero la gente en la calle y su estilo de vida ya es cultura suficiente. y en cuanto a la noche… hay que descubrirlo.
Sin más, intentaré escribiros la semana que viene con mis historias sobre mi próximo viaje a Bangkok.
Que paséis una buena semana.
Ciao
3 comentarios hasta ahora
Deja un comentario



hola,
yo fui becario en Jakarta en 2006-07. Estaba perdiendo el tiempo viendo blogs de becarios y me he encontrado con el tuyo.
Que recuerdos… imagino que hay muchos detalles de Jakarta que has omitido… Sabes si a los becarios de ahora les llego un documento llamado Nota Sectorial – el perreo en Jakarta? que mitico
que vaya bien por el suedeste. disfrutalo
guille
Comentario por guille 2 diciembre 2009 @ 17:52Claro que les llegó. Yo no hablé con ellos, pero esa “Nota Sectorial” está circulando entre todos los españoles. De hecho, verás que algunos de esos sitios los cito en mi post.
Comentario por loloarrones 3 diciembre 2009 @ 1:48La verdad es que el sudeste es para disfrutarlo…
Un abrazo
Manuel
Grande lolailo!
Comentario por maaaaaaaa 9 diciembre 2009 @ 14:33